divendres, 24 de juny de 2016

El búnker del antiguo consulado soviético en Barcelona y otras historias

Al lado del trazado del tranvía Azul, en el subterráneo de la torre de la avenida del Tibidabo número 17, sede de la Mutua Universal, hay un refugio antiaéreo o búnker, construido durante la pasada Guerra Civil, en un edificio que acogió el consulado y la embajada de la Unión Soviética en Barcelona y desconocido por la mayoría de los barceloneses y por casi todos los turistas que cada día pasan por este lugar.

La Torre del doctor Andréu
El edificio en cuestión no era otro, que el palacete que construyó el arquitecto Enric Sagnier y Villavecchia en la avenida del Tibidabo, entre los años 1915 y 1918, por encargo de Salvador Andréu y Grado, el conocido Doctor Andréu “El pastilletes” un farmacéutico que inventó unas pastillas para la tos, que marcaron toda una época.
Una torre unifamiliar, de estética novecentista y de parecido a los "Hoteles" franceses; de planta baja, piso principal y buhardillas, rodeada de un jardín. Con la fachada principal, estructurada sobre un eje de simetría, a partir de dos cuerpos prominentes sobre uno de central, que acoge la puerta principal en planta baja y un gran balcón en la planta piso, rematada con un imponente frontón esculpido.


Finalmente el edificio, que tiene una protección de nivel C: Bien de interés urbanístico, se corona con un piso ático o buhardillas con cubierta de pizarras y ventanas en mansardas.
Cuando el 1928 Salvador Andréu y Grado murió, la mansión fue a parar a su heredero Joan Antoni Andréu.


El palacete se convierte en consulado
Con el estallido de la Guerra Civil el mes de julio de 1936, el palacete de la familia Andréu fue confiscado por las autoridades republicanas. Convirtiéndose más tarde en la sede del consulado de la Unión Soviética en Barcelona, que hasta aquellos momentos había ocupado un espacio en el hotel Majestic del paseo de Gracia.
Una legación diplomática que fue encabezada por Vladímir Antónov-Ovséienko -como cónsul- héroe de la Revolución de Octubre de 1917, cuando dirigió el asalto del Palacio de Invierno en San Petersburgo y detuvo los diferentes ministros zaristas que allí había reunidos.
Por el que hace del día a día del consulado, Vladímir Antónov-Ovséienko envió informes secretos al Kremlin y organizó la llegada al puerto de Barcelona de diferentes barcos con ayuda de la URSS para el gobierno de la república como la llegada del Zirianin, con leche condensada para los niños y carne en conserva el octubre de 1936 o más tarde también con diferentes cargamentos de armas, entre otros envíos.
El sábado 12 de diciembre de 1936 en la sede del consulado se celebró una recepción presidida por Vladímir Antónov-Ovséienko y Lluís Companys en honor de una delegación de obreros que viajó a Moscú con motivo del VIII Congreso de la URSS.


Con el traslado del gobierno de la república en Barcelona el consulado de la URSS se convirtió en embajada.

El refugio
Ante los bombardeos que sufrió Barcelona a partir del 13 de febrero de 1937 y como en otros lugares de la ciudad, en este edificio se construyó un refugio antiaéreo o búnker por sus características.
Construido en los subterráneos del palacete, con paredes de hormigón de unos 40 centímetros de grueso y de poco más de 50 metros cuadrados de superficie, esta instalación dispone de dos puertas de hierro fundido que se abren o cierran desde el interior. La principal des del centro del edificio y la secundaría, como salida de emergencia conecta con el exterior a tocar la entrada de vehículos de la mansión.


Para acceder en el interior del refugio se tienen que superar tres escalones y cruzar la puerta blindada, delante se abre un campo de visión en primer término amplio y al final con un estrecho pasillo que se pierde en el infinito.

El primer espacio que encontramos es rectangular no demasiado grande con una puerta en el centro, a la derecha hay una pequeña habitación con una puerta y diferentes aperturas para su ventilación.

El refugio antiaéreo de la fábrica Elizalde

En Barcelona además de los refugios subvencionados o no y que figuran en el listado de la Defensa Pasiva de la época, es construyeron también refugios en fábricas, empresas, del Ayuntamiento, de la Generalitat o de partidos políticos. Siendo uno de estos el que se construyó en la fábrica Elizalde.
Una empresa llamada inicialmente “J.M. Vallet y Cía.” y creada el 8 de enero de 1908, por Arturo Elizalde Rouvier, Rafael Biada Navarro y J.M. Vallet y Arnau, quién aportó a esta sociedad su taller, especializado en la fabricación de piezas de precisión, y que estaba ubicado al paseo de San Juan, 149.
Un año más tarde, el 5 de abril de 1909, Arturo Elizalde va compra a Jaime Alegret, la totalidad de la isla, formada por las calles de Córcega, Bailén, Rosellón y Paseo de San Juan, donde había el taller. Finalmente el 18 de junio de 1910, también compró los derechos de la sociedad a J.M. Vallet, convirtiéndose finalmente en la sociedad “Biada, Elizalde y Cía”.
Dedicada primero construyó recambios de motor de automóvil, pasar poco después a la construcción de automóviles “Elizalde”, dedicándose finalmente a la construcción de motores de avión.
Durante la guerra civil la factoría fue colectivizada bajo el nombre SAF 8, fue destinada a la fabricación de material de guerra y bombas de aviación, además de iniciar la construcción del motor ruso M25, parece ser copiado del Wrigh-Cyclone americano.
Durante el bombardeo naval de la noche del 13 de febrero de 1937, en el que también resulta afectada con desperfectos de consideración y la muertes de tres de sus trabajadores, Ramon Bernat Gil, Josep Caralt Moncunill y Frederic Ventosa Ribas. Sus gestores decidieron construir como seguridad de sus trabajadores, un refugio antiaéreo dentro de la fábrica.
Un refugio construido a poca profundidad y paralelo a la calle Bailén, por debajo de una calle existente dentro de la fábrica, cogiendo también parte del subsuelo de las naves de banda y banda del mencionado vial. La obra hecha en hormigón, estaba dividida en dos túneles de vuelta de cañón de 32 m. de longitud por 3 m. de anchura, conectados entre ellos y con una capacidad para quinientas personas.
La instalación estaba dotada también, de cuatro puertas blindadas dobles con cámara de expansión, de una completa instalación de ventilación y de servicio antigas. En su interior había un aposento con ocho comunas adosadas en dos ringleras a las paredes y un habitáculo más pequeño con un servicio, seguramente el primero era para los hombres y el segundo para las mujeres. Así como otro pequeño aposento con bancos adosados seguramente utilizado como enfermería.
Además del bombardeo del 13 de febrero de 1937, la “Elizade” sufrió otro susto, durante el bombardeo del miércoles 19 de enero de 1938, minutos después de las doce del mediodía, cuando una escuadrilla de aviones Saboya de la aviación legionaria italiana bombardearon desde el Putxet hasta la Barceloneta, concentrando casi toda su carga mortífera en dos espacios de la ciudad, uno entre las calles Córcega- Bailén - Mallorca y Roger de Flor, -donde había la fábrica Elizalde, y que según el mapa de los impactos de las bombas, como mínimo dos cayeron dentro de la fábrica. Y el otro entre la plaza Palau y la calle Almirante Cervera. Un ataque que dejó un trágico balance de 173 personas muertas.
Acabada la guerra, la familia Elizalde recuperó la fábrica y de paso el refugio que se había construido durante este periodo.
En 1951, por razones de defensa nacional, el Instituto Nacional de Industria INI, se hizo cargo de la fábrica, dejando fuera a los Elizalde.
Finalmente cerrada la factoría, esta fue derribada y en este espacio se construyeron cuatro bloques con 288 viviendas, inaugurados el 31 de octubre de 1964. A pesar de la magnitud de la obra el refugio no se vio afectado por esta y resta sordo y mudo durante años bajo los nuevos bloques y al que sólo se accedía en contadas ocasiones.
Afortunadamente a finales de septiembre del 2014 con motivo del 50 aniversario de la construcción de las viviendas, la asociación de propietarios del complejo de la Elizalde organizó entre otras actividades, diferentes visitas guiadas al refugio el 27 de septiembre organizadas con el Taller de Historia de Gracia.
Fotos y texto Josep Maria Contel

Ante los bombardeos, ¡Protege los cristales!


Foto Josep Barrillón i Paradell
Hace un par de años, entre las diferentes, fotografías, contactos y negativos que salieron a la luz, hechas por el ilustre graciense Josep Barrillón Paradell, de estos, había unos cuántos de la pasada Guerra Civil en Gracia. Algunas de las cuáles eran de diferentes gracienses protegiendo los cristales de escaparates y ventanas, siguiendo las instrucciones recibidas de las autoridades.

Foto Josep Barrillón i Paradell

Foto Josep Barrillón i Paradell

Foto Josep Barrillón i Paradell

Foto Josep Barrillón Paradell
Unas imágenes desconocidas de Gracia, que ahora nos aportan una valiosa información, tanto por el barrio, como por lo que hace referencia al conflicto en general, y que ahora sirven como excusa para dar una breve explicación de cómo se protegieron los cristales ante los bombardeos.

En previsión de los bombardeos que Barcelona pudiera padecer, el mes de noviembre de 1936, se pintaron de azul todas las farolas de la ciudad, organizando también un primer simulacro de bombardeo nocturno. Mientras los ciudadanos empezaban a colocar tiras de papel engomado a los cristales de escaparates, puertas y ventanas, tal como se hacía eco La Vanguardia el 5 de diciembre de 1936, haciendo referencia a un decreto promulgado el día 4 por el consejero delegado del ayuntamiento Manuel Muñoz:
Con el fin de evitar o disminuir los desprendimientos de cristales rotos por efecto de explosiones, en caso de posibles bombardeos, y que pudieran ocasionar perjuicios, es conveniente asegurar los cristales con armaduras de tiras de papel, de acuerdo con las instrucciones siguientes:
Las armaduras serán tiras de papel resistente engomado, pegadas al cristal por ambas caras, en forma coincidente la de una cara con las de la otra, el ancho de las tiras será de 3 a 5 centímetros, según el tamaño de los cristales, y la separación entre una y otra tira, como máximo 30 centímetros.
La disposición indicada de las tiras será formando cuadrícula o en forma de aspa, según las diagonales del cristal y fijando sus extremos a los marcos.
El cumplimiento de estas disposiciones es obligatorio para toda clase de cristales de establecimientos públicos y de las casas particulares, para evitar que los que den a la calle puedan proyectar fragmentos de cristal a la vía pública.
A pesar de toda esta protección, las bombas cayeron y destrozaron edificios, rompieron casas y desmenuzaron los cristales segando además la vida de muchas personas ajenas a la guerra.

Texto Josep Maria Contel